martes, 19 de marzo de 2013

san José



Hombre cabal, hombre justo,

Equilibrado y autentico,

Fuerte, enteramente libre,

Dueño de si, un hombre entero.

Es un cielo, yo le admiro,

No sabe cuanto le quiero,

Por su gran humanidad,

Por su humildad y silencio,

Por su fe inconmensurable

Y porque se hizo pequeño.

Santo es poco, era un santazo,

El más grande y el más bueno.

Sirve al otro como a Dios,

Con el corazón entero.

Y el otro era Dios, Dios mismo,

Era su hijo y su pequeño,

Y el otro era Dios oculto,

Su mujer  y su Misterio.

Gracias, José de la guarda,

Por tu amor y tú desvelo.

Eres, con tu esposa y tu hijo,

Lo mejor que tiene el cielo.


Mariam G.

San José, maestro de oración





“Desde hace varios años, me parece, que le pido algo el día de su festivo, siempre me lo ha cumplido; cuando mi petición no es justa, la endereza, para mi bien mayor.

Las personas de oración, en particular, deberían siempre apegarse a él; porque no sé como podemos pensar en la Reina de los Ángeles en el tiempo cuando vivió cerca del niño Jesús, sin agradecer a San José por haberles ayudado de manera eficaz.

Que aquellos que no encuentran un maestro para enseñarles la oración tomen por maestro este glorioso santo, y no se extraviarán en el camino.”



Santa Teresa de Avila
autobiografia VI, 7-8


El Patrocinio de san José sobre la Iglesia y los Papas San José, cuida de la Iglesia




En 1870, en unos momentos especialmente difíciles para la Iglesia y por petición expresa
de los Padres del Concilio Vaticano I, el Papa Pío IX proclamó a san José Patrono de la Iglesia
universal. El Papa Francisco tiene una especial devoción al Custodio de la Sagrada Familia,
en cuya solemnidad, el próximo martes 19 de marzo, celebrará la Misa de inicio de su pontificado.
Escribe el Director del Centro Josefino Español:





La misión de san José en la Iglesia tardó en ser reconocida oficialmente. Y, si bien es cierto que tarde, el reconocimiento eclesial de san José llegó de forma estupenda con la proclamación solemne de su patrocinio sobre la Iglesia universal.
La verdad es que la concesión del título singular y expresivo se debió sobre todo a un Papa y a las circunstancias tan especiales, casi trágicas, de la Iglesia por aquel año de 1870.
 El Papa, ferviente devoto de san José, era Pío IX; y el momento eclesial, uno de los más críticos de
su historia: justamente en el segundo semestre del año, el Concilio Vaticano I tenía que ser aplazado para no reanudarse ya. Y es que, por avatares de la guerra entre Francia y Prusia, y por el proceso de la unidad de Italia, el Papa se había quedado sin dominios territoriales, sin su mermado ejército, sin la Urbe y, como
decía él mismo, prisionero en el mermado reducto romano.

En aquel clima de temores y de miedos apocalípticos, Pío IX se hizo eco de las peticiones de los fieles, de las elevadas por los Padres conciliares, y, justamente en la fiesta de la Inmaculada de 1870, declaró a san José Patrono y abogado de la Iglesia, para que cuidara de ella, en aquellos tristísimos tiempos, como cuidó de su familia de Nazaret, verdadera y primera Iglesia naciente.

La decisión pontificia tuvo efectos inmediatos y permanentes. Comenzaron a abundar Congregaciones religiosas llamadas de san José y de la Sagrada Familia; fueron más frecuentes aún los nombres de José impuestos en los bautismos; se dedicaron al santo cofradías, asociaciones, parroquias e iglesias; se
escribieron libros de alta teología y de piadosa devoción en un movimiento creciente hasta el
Concilio Vaticano II.

Los Papas, todos, manifestaron paladinamente su devoción con gestos eclesiales. León XIII, en la fiesta de la Asunción de 1889, publicaría la primera (y única hasta ahora)
encíclica josefina, la Quamquam pluries, con la oración más popular: A vos, bienaveturado san José, y con clara intención social, al igual que la autorización de la fiesta de la Sagrada Familia. Pío XII, también con sentido social, instituyó la fiesta de San José Obrero en 1955. Juan XXIII no sólo incluyó el nombre de
san José en la misa (en el Canon, en 1962), sino que también se atrevió a declarar al santo como Patrono del Concilio. Lo hacía poco antes de su inauguración en un documento cálido y, con palabras sencillas y profundas a la vez, lo llamaba «cabeza augusta de la Familia de Nazaret y protector de la Santa Iglesia».
Y oraba: ¡Oh, san José, invocado y venerado como protector del Concilio Ecuménico Vaticano II!

En el centenario de la encíclica de León XIII, Juan Pablo II publicaba, en agosto de 1989, su Exhortación apostólica Redemptoris custos –Custodio del Redentor–. Es, indudablemente, el documento pontificio más
extenso y más profundo, rebosante de Evangelio, de teología, de sensibilidad, en el que se expone la misión de san José en la Iglesia en consonancia con la que tuvo como cuidador de Jesús.

En cuanto a la dedicación de templos al protector de la Iglesia como efecto inmediato de la proclamación de su patrocinio, el más hermoso de todos ellos quizá sea el de Antonio Gaudí a la Sagrada Familia. En noviembre de 2010, Benedicto XVI lo consagraba en persona en unas jornadas inolvidables. Y confesaba que «la alegría que siento de poder presidir esta ceremonia se ha visto incrementada cuando he sabido que este templo, desde sus orígenes, ha estado muy vinculado a la figura de san José. Me ha conmovido especialmente la seguridad con la que Gaudí, ante las innumerables dificultades que tuvo que afrontar, exclamaba lleno de confianza en la divina Providencia: San José acabará el templo».

En estos días, la Iglesia ha vivido la situación singular de un Cónclave celebrado no por la muerte del Papa, sino por la renuncia de este gran devoto de san José: Benedicto XVI.

Es seguro que la mirada buena del protector cuidará también del nuevo Papa Francisco.
Teófanes Egido







lunes, 11 de marzo de 2013

Cardenal Dolan

Dolan da en el clavo con san Jose

Mientras el mundo gira

Una novena que deberíamos hacer y difundir


En estos dias en los que tenemos que escuchar tantas tonterias acerca del Conclave y tanto comentario superficial, el cardenal Dolan nos ha sorprendido con una propuesta que me parece la iniciativa mas eficaz de cara a la eleccion del nuevo Papa. Se trata de la peticion que Dolan hace a sus feligreses, y a la que bien nos podemos unir aunque no seamos neoyorquinos, de rezar la novena a San Jose para que de un Papa santo a su Iglesia.

Me ha parecido especialmente acertada la propuesta de Dolan. Estamos en marzo, mes de san Jose, y podriamos tener nuevo Papa para su dia, el 19 de marzo, un hecho que Dolan considera providencial. Ademas, ¿quien mejor que san Jose para velar por la Iglesia? El es Patrono de la Iglesia Universal, siempre atento a protegerla del mismo modo que protegio a la Sagrada Familia. Sin gran publicidad, en la sombra, en silencio, pero con una eficacia que nace de su completa confianza en Dios, aun cuando le costara entender sus caminos. Dolan recuerda, ademas, que san José «se ocupaba de las emergencias», y lo cierto es que algunas fueron de primer orden (tambien la Iglesia debe afrontar ahora problemas graves), "pese a todo siempre conservó la calma, la confianza en Dios y la responsabilidad. Qué ejemplo cuando vemos tantos casos de emergencia en la Iglesia y en el mundo hoy".


Por ultimo, quiero recordar algo en lo que insistia siempre Francisco Canals: aunque ha sido ocultado y a muchos les parecera sorprendente, Juan XXIII puso el Concilio Vaticano II bajo el patronazgo de san Jose. Tengo la certeza de que si esta presencia de san Jose en la Iglesia no se hubiera tratado de esconder, al contrario, hubiera iluminado a todos los fieles, sacerdotes y obispos, el post Concilio hubiera sido muy diferente y sus frutos mucho mejores. Volvamos pues nuestra mirada y nuestra confianza a san Jose y no lo olvidemos mas. Ahora mas que nunca necesitamos su guia y proteccion, asi que yo voy a seguir la propuesta de Dolan y empiezo ahora mismo la novena. Animaos, esto si que vale la pena y es mucho mas eficaz que mil chismorreos sobre papables.



jueves, 7 de marzo de 2013




Ser bloguero es una vocación que conlleva un carisma especial. No es algo que se improvise o se mantenga a base de buenos propósitos y expectativas personales. Cada blog es como un manantial que necesita de un aporte de agua constante para no secarse.

Si pensamos que esta fuente puede ser alimentada de egoísmos, soberbias y expectativas de popularidad, pronto nos daremos cuenta que nuestro depósito de agua se termina en poco tiempo. No sabremos qué escribir o qué compartir, porque nuestra vida no genera un caudal para compartir con los demás.

Nuestros seguidores, más o menos asiduos, se acercan a la fuente a beber, porque tienen sed. Lo que les comunicamos es importante para ellos, ya que les permite seguir adelante en el día a día. Por eso buscan y localizan los manantiales que mejor les llenan y sacian. Pero no pensemos que somos nosotros quienes saciamos a estas personas. El Señor es el que provee el agua de vida eterna que quita la sed, nosotros sólo la ponemos a disposición de quien la necesita. Tenemos que dar gracias al Señor por darnos la posibilidad de ser fuente de ilusión y esperanza, aunque sólo haya una persona que de vez en cuando sacia su sed en nuestro blog.

No puedo negar que el número de visitas y comentarios influyen en nuestro ánimo bloguero. Todos quisiéramos ser la fuente principal de nuestro entorno y que la relevancia de lo que decimos cambiase el mundo. Pero una cosa son nuestros deseos y otra la voluntad de Dios. La misión del sembrador es lanzar la semilla, después Dios y quien la reciba, decidirán qué hacer con ella.

La Iglesia necesita de blogueros que constantemente lancen la semilla del Reino y que además apoyen a las instituciones eclesiales con su experiencia. Muchos de nosotros aportamos nuestro grano de arena ayudando a llevar blogs parroquiales, de grupos o de movimientos. Esta labor de diaconía es imprescindible para que la Iglesia esté presente en el continente digital.

Quizás la vocación bloguera se haya resentido últimamente por la súbita expectación que ha despertado twitter. Ya casi no se habla de los blogs. Recordemos que en 2010, Benedicto decía a los sacerdotes “Por amor de Dios escriban un blog” y que en mayo del 2011, el Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales organizó el Vatican Blogger Meeting. Ahora parece que toda la acción evangelizadora en las redes se hace mediante twitter y que los blogs han quedado atrás. Pero no es así.

Sin duda la presencia de Benedicto XVI en twitter ha despertado una expectación de gran calado, pero como toda moda, tenderá a situarse en su debida dimensión. Twitter es un medio dinámico y fresco, pero es muy efímero. Una entrada de blog queda a disposición de quien lo desee por años o décadas. Un tweet, se pierde, tras 5 minutos, en la vorágine de mensajes que se mezclan. Los blogs son ventanas abiertas a todo el que desee consultarlos, las redes sociales cierran los contenidos en las burbujas de privacidad. No quiero despreciar la utilidad de twitter o facebook, sino señalar que los blogs siguen siendo el soporte más duradero y efectivo para evangelizar en la red. Esto lo puedo atestiguar, ya que existen entradas que escribí en el año 2009 que siguen recibiendo centenas de visitas semanales. ¿Puede decirse lo mismo del tweet más popular?

Cada red social tiene su razón de ser y la blogosfera es una red impresionante construida con el esfuerzo diario de muchos de  nosotros. No podemos dejar los blogs en segundo plano, cuando son la fuente donde tantas personas beben diariamente.

Así que ánimo compañero bloguero. Todo blog es necesario y hasta imprescindible para la Iglesia. Desde Blogueros con el Papa estamos a su disposición para ayudarle en lo que crea necesario.

Néstor Mora N.
http://www.bloguerosconelpapa.org/2013/03/amigos-la-iglesia-necesita-de-sus-blogs.html?showComment=1362671544966#c6724445051329154294

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